martes, 25 de septiembre de 2012

Mi luz...mi oscuridad...mi sombra...




Alguna vez os habéis parado a ver, no a mirar, a ver. Yo últimamente no lo hago mucho, me siento un poco demasiado ajetreado, pero hoy ha sido el día, hoy me paré a mirar el tiempo, y a ver desde fuera de mí, lo que tengo en mi interior…

¿Sabéis que vi? Negro, todo negro. Algunos lo llaman oscuridad, otros vacío, y otros “la nada”. Entonces descubrí que para ver claridad en la oscuridad, hay que encontrar una puerta, una ventana, un interruptor, hay que encontrar luz…
Así que decidí buscar fuera de mí, a ver si encontraba ese punto de luz que me hiciera ver en la oscuridad con otra perspectiva… 

En ese momento conseguí vislumbrar algo, pero todo parecía lejano, me sentí una persona que mira un cielo estrellado en la noche, pero con muy pocas estrellas, aquellas que parecían más cercanas, solo eran el reflejo de otras muy lejanas…

Visto que ni dentro ni fuera veía demasiada luz, tomé otra opción, ¿adivináis? Cerré los ojos, ¿para que me sirve mirar, si no puedo ver?, para nada.
Al principio tuve mucho miedo, es obvio, cualquier persona que no se le ha privado del sentido de la vista desde siempre, en sentido obligatorio, es TOTALMENTE DEPENDIENTE de lo que ve. Pero poco a poco me tranquilicé, no dejé de estar alerta, pero ya no era solo mi respiración agitada lo que escuchaba, fue… ¡Sorprendente!

Oía la luz, estaba ahí, delante de mis narices, no preguntéis como, pero sabia que estaba delante de mi, en un impulso por aferrarme a esa luz tan intensa, salté sin ni si quiera ver si era real o no, casi sin haber abierto los ojos…
De nuevo la nada se apoderó de mi presente, en ese momento comprendí que quizás debía escuchar, no solo oír, y así lo hice, escuché; escuché aquello que mi ceguera temporal y totalmente autoimpuesta voluntariamente, tenia que decirme, y ¿Sabéis lo más sorprendente? No escuché voz conocida, ni palabra alguna, solo lo que al principio parecían ruidos y luego más claramente, sonidos, intenté no desesperar en aquel eterno comprender del seno de mis entrañas, de mi mente, escuché finalmente el sonido del agua, sin saber de donde provenía. Descubrí en mí, la más alta de las cataratas y lo que sus aguas me querían decir, que no hay caída tan larga, que nunca llegue al final, siempre acaba…

Escuché un océano, no el de mis sentimientos, un océano bravo, impetuoso, como nunca ninguno he visto, se leía el coraje en las crestas de sus enormes olas, la espuma no era blanca, sino roja, que reunía toda esa furia incontrolable y como rompía y desataba su furia contra la orilla y contra las rocas, pero me di cuenta de que si no vas hacia él, si esperas a que él llegue a ti, a una distancia prudencial, llega manso y apacible y nos podemos sentar tranquilamente a observar su furia sin riesgo, ni peligro…

Oí el viento, este me quiso contar historias, las historias de aquellos que naufragaron en el mar de las dudas, porque no supieron hacer las preguntas correctas, escuché un llanto, pero no el llanto de cualquier persona, animal o cosa, el llanto de un sentimiento, el llanto de aquellas ambiciones abandonadas y aquellos sueños rotos que cayeron en el olvido o en la frustración de aquellos que los abandonaron a su suerte en el gran abismo de la apatía y el conformismo, por la desesperanza de haber intentado hacer a alguien mejor, más inteligente, más fuerte, más alto, pero estos sueños y ambiciones no son nada si no van en compañía de una fuerza de voluntad que pone la persona…
También saboreé la miel, la miel de aquellos que SI alcanzaron la luz, de aquellos que cumplieron con sus sueños y ambiciones, ¿sabéis? No es un sabor ni dulce ni amargo, es un sabor único. Me dejaron probarlo, y no soy capaz de olvidarlo, ansío volver a probarlo para no sacarlo de mi boca nunca, es un sabor que te sacia…pero no te llena…

Respiré el mismo aire que respiran aquellos que triunfan, es el aire renovado que sale de aquellos mismos sueños y ambiciones satisfechas y realizados, el que emanaban al sonreír, porque no eran risas, eran sonrisas de satisfacción y alegría, júbilo…

Y sentí, sentí la sensación que da llegar y tocar el cielo con las manos, tocar la luz, y es…como sentir una caricia eterna, llena de ternura y sabiduría al mismo tiempo, como entre algodones… Y sentir todo lo anterior y además verlo y disfrutarlo…
Ser consciente de que todo aquello es real y no solo para un rato, ver, creer, saber y conocer, sin imaginar, sin suponer que aquello tiene que existir…sino SABER que EXISTE…

Y entonces lo vi, en aquel momento vi mi luz, aquella que sentí delante de mi aquella vez, la primera que vez que cerré los ojos, y lo comprendí todo, mi luz siempre esta conmigo, la sentí porque nos rodea toda su energía, mi luz estaba sobre mi, deseando que viera el camino, ella no podía hacer más que brillar como lo hacia e irradiarme con su calor…y me di cuenta que el problema soy yo mi perspectiva frente a mi camino, y vi que caminaba en la dirección incorrecta y que aquella “nada”, aquel vacío, era…
mi propia sombra…

1 comentario:

  1. Menuda busqueda has hecho en tu universo!!!! Me gusta mucho, a parte del desarrollo, el final. Espero que esta experencia te hizo cambiar de camino para encontrarte en el correcto.
    Un saludo!

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